En este momento histórico donde la desinformación es la estrategia política de la época, les ofrecemos un escrito esclarecedor de Laura Pitman, de la Universidad Nacional de José C. Paz,  sobre las consecuencias de la experiencia de VOUCHERS EDUCATIVOS en otros países y el sentido de estas propuestas originadas desde el capitalismo extremo que intenta ingresar en el campo educativo argentino.

SOBRE LA PROPUESTA DE VOUCHERS EDUCATIVOS

 –      ¿Qué son los vouchers educativos?

Son bonos o cupones que el Estado emite para que las familias compren educación privada a empresas educativas o entidades que proveen servicio educativo. Incluidas las escuelas estatales. Esto implica que el Estado deja de financiar a sus propias escuelas, que pasan a depender de lo que recauden a través de los bonos. Cuantos más alumnos aportan pagan a través de los bonos, más recursos económicos se tienen.

Se espera que las escuelas públicas y privadas compitan por tener alumnos. Se supone que al competir mejorarían su eficiencia. La idea (nacida hace casi 300 años) es que la competencia genera más calidad a precios más bajos. Nuestra experiencia de todos los días, de toda la vida, de cada vez que vamos a comprar, nos muestra que esto es falso. Y es al revés: si nadie pone un límite, al mercado le conviene generar productos baratos y de baja calidad y venderlos caros.

–      La idea de los vouchers ¿es una medida novedosa para resolver los problemas actuales de la educación?

No. Fueron novedad hace casi 70 años, cuando un economista estadounidense, Milton Friedman propuso el sistema en 1955. En aquel momento no tuvo mayores repercusiones. En nuestro país se discutió sobre los vouchers en los 90, y ahora se reflota la idea. Si te parece algo nuevo es porque tuvieron aplicación efectiva en un conjunto limitado de países, con resultados negativos. Un ejemplo cercano es Chile, que fue el primer país en implementarlos a escala en los 70, durante la dictadura militar.

–      El voucher ¿permitiría el acceso a mejor educación privada para quienes hoy no pueden pagarla?

No. El bono que se ofrece en estos casos cubre un costo mínimo, igual para todos. Así que la idea de que cualquiera va a poder ir a cualquier escuela es falsa. Las escuelas con alta cuota van a seguir estando fuera de las posibilidades de quienes sólo cuentan con el vale, y requerirán aranceles que pagarán las familias. Justamente lo que se busca es que las escuelas privadas -que supuestamente tienen mejor servicio- sean más elegidas por las familias y puedan cobrar más caro. O sea, lo mismo que pasa ahora y siempre: la única diferencia es que el Estado deja de financiar en forma directa a la educación pública.

–      ¿Qué puede pasar si se implementa?

Uno de los riesgos principales es que hoy, en las escuelas públicas, la educación de chicos y chicas está guiada exclusivamente por lo pedagógico. Los intereses económicos de la escuela no interfieren, porque no existen, ya que el Estado se hace cargo de lo que cuesta cada establecimiento. Pero si cada escuela empieza a depender de la cantidad de estudiantes que consigue para que le lleguen fondos estatales, necesariamente tendrá que tomar decisiones en función de sus intereses, y no en función de lo que es mejor para sus alumnos.

La experiencia de Chile, que empezó en los años 80, y que culminó con las multitudinarias protestas de estudiantes de hace unos años, muestra los riesgos del experimento voucher. En Chile las escuelas privadas podían elegir a sus alumnos y las públicas no. Eso hizo que las escuelas públicas quedarán como refugio de estudiantes con “malos resultados”. Por lo tanto, la pretendida superioridad del sistema privado, que sacaba mejores puntajes en las pruebas, en realidad se debía a que se le permitía eludir los casos difíciles y quedarse con los más sencillos. Que casualmente eran los que tenían posibilidades pagar algo (o mucho) más que el bono. Como un sistema privado de salud que descarta a la gente con problemas de salud y les dejara los enfermos a los hospitales públicos. Así cualquiera.

 Ahora bien, si el país no está en condiciones de invertir más (por la crisis económica, la deuda, etc.), y los costos suben, ¿cuál sería la forma de resolver este problema? La misma a la que el mercado nos tiene acostumbrados: baja la calidad del servicio. Edificios en pésimas condiciones, con equipamiento inexistente, docentes peor pagados, cero inversiones en formación, etc. etc. Tanto es así, que en los países en los que se ha implementado esta medida surgen las llamadas “escuelas low cost” (bajo costo), o “patito” o “de garage”, en el caso del nivel superior, a las que nadie controla y quedan como refugio para los sectores más vulnerables.

–      El sistema que se propone ¿haría más eficiente lo que se gasta en educación?

No solo no lo hace más eficiente, sino que genera otro problema serio. Sobre todo, en situaciones de crisis económica como la que genera la deuda que tenemos en este momento. Y es que si se fomenta la oferta privada, la educación se hace más cara.

¿Por qué? Simple. En el sistema que tenemos hoy, como en la gran mayoría de los países del mundo, el Estado cubre el funcionamiento escolar. Y en la Argentina tenemos en promedio casi un 75% de escuelas públicas. La gran ventaja del sistema público es que se gasta lo que se necesita para enseñar, y nada más. En cambio, cuando la educación es un servicio privado, hay que cubrir el margen de ganancia de la empresa que ofrece el servicio: los costos suben, y las empresas, como siempre se dice, no hacen beneficencia. Y esa ganancia es un costo adicional.

Pero hay más ineficiencia que se agrega: el candidato que promociona los vouchers como solución mágica, también dice que va a bajar los impuestos. Y eso parece beneficioso para cada persona. Pero una vez más no lo es. Porque lo que no pagues de impuestos lo vas a tener que desembolsar pagando servicios más caros, porque hay que cubrir ganancias privadas. Es la magia del mercado: te dice que te va a beneficiar a vos, mientras nos perjudica a todos. Los argentinos y argentinas tenemos experiencia en esto, porque hace 30 años privatizamos los servicios esenciales de luz, gas, etc. Y hoy son mucho más caros.

–      ¿Cómo afectaría este tipo de financiamiento a la educación privada?

Cuando se escuchan estas propuestas, parece que se olvida mencionar que en nuestro país el Estado ha financiado siempre a la educación privada, subvencionando a las escuelas (o sea, a la oferta). Una consecuencia de la decisión de comenzar a financiar la demanda debería ser la inmediata suspensión de los subsidios a las escuelas privadas. Y si esto ocurre, ¿cuánto podría “aguantar” la quita de aporte estatal a las escuelas privadas que lo perciben? ¿Cuáles serían las consecuencias en términos de aumento de cuotas, deterioro edilicio, o reducción de personal? Si quisiéramos pensar en otra medida capaz de perjudicar a alumnos, docentes y familias de todos los sectores, como lo haría ésta, sería realmente muy difícil.

–      ¿Se puede implementar esta medida de manera experimental, y si no funciona se vuelve al antiguo sistema?

Difícilmente. Los expertos en el tema dicen que del financiamiento de la demanda en educación es difícil volver (como pasa con la dolarización). Principalmente por los fuertes intereses económicos que se generan, particularmente por parte de grupos empresariales que venden el servicio: una vez que se instala el negocio es muy poco probable que se pueda desarmar. Es el caso de Chile, que viene encarando complejos procesos de “desmercantilización” de la educación.

En definitiva, la propuesta de los llamados “vouchers” no es una medida educativa, sino económica. El resultado concreto de países como Suecia (¡Suecia!) es que la participación de la empresa privada en educación creció muchísimo desde que se implementaron los bonos, a principios de los 90. O sea, los vouchers no buscan hacer mejor la enseñanza y el aprendizaje, no están pensados para que la escuela sea un lugar donde estudiantes y docentes van con alegría, no pretenden lograr que la cultura y el conocimiento se distribuyan más y mejor. Ni que se acrecientan y se mejoren cuanto más se distribuyen entre nuestras pibes y pibes y entre nosotros también. Lo que se busca con esto es simplemente hacer de la educación de las mayorías un negocio rentable para pocos.

 En definitiva, a veces puede parecer que no hay mucho que perder. Pero sí. Tenemos mucho que perder. Y muchas de esas cosas las tenemos porque las generaciones que vinieron antes que nosotros las ganaron. La escuela pública es una de ellas. Cuidémosla.

 Laura Pitman[1]

Universidad Nacional de José C. Paz

[1] Lic. en Ciencias de la Educación. Docente de la FLACSO. Ha sido docente de las Universidades de Buenos Aires, Luján y La Matanza en el campo de la Sociología, la Política y la Gestión Educativas. Se ha desempeñado como consultora en diversos organismos de gobierno en el área, en temas ligados con la gestión de instituciones educativas. Ha escrito libros y distintos artículos de actualización educativa.

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